Por sorprendentes que son nuestros cuerpos, en ocasiones no son capaces de soportar las agresiones que el ritmo de vida actual, la contaminación, la mala alimentación nos impone. El estilo de vida moderno y la exposición generalizada a los tóxicos, han contribuido a regenerar epidemias graves para la salud. Las llamadas enfermedades modernas, enfermedades occidentales y más notablemente el incremento de enfermedades autoinmunes.

Las enfermedades autoinmunes, de las cuales hay más de 100 tipos diferentes, se caracterizan por tener respuestas inmunes hiperactivas, inflamatorias y autodestructivas. En esencia el sistema inmune se vuelve contra el cuerpo, causando estragos atacando los órganos y los tejidos. Hasta ahora no hay cura conocida para este tipo de enfermedades y las opciones de los tratamientos pasan por suprimir la inmunidad y la inflamación con inmunosupresores, cortisona, etc…

El cáncer, como algunas enfermedades autoinmunes como el lupus, la esclerosis múltiple, están siendo vinculadas a la contaminación del medio ambiente y los venenos cotidianos que se encuentran en alimentos en forma de aditivos, en los productos de limpieza y en los productos de higiene personal, aunque quiero subrayar que no son estos los únicos factores causante de las enfermedades

Sin embargo a pesar de que todos estamos expuestos a estos agentes tóxicos, no todas las personas desarrollan una enfermedad autoinmune. Esto es por nuestra genética. Algunas personas estamos predispuestos genéticamente a un mayor riesgo de contraer una enfermedad autoinmune.

El papel de las toxinas y los alérgenos.

Durante décadas, la creencia unánime de las comunidades científicas y médicas fue que los genes hacen que el riesgo de contraer una enfermedad autoinmune sea más alto. Se cree que estas enfermedades son desencadenadas por factores genéticos.

Sin embargo, la inmunotoxicología (el estudio de los efectos de las toxinas en nuestro sistema inmunológico) desmiente estas afirmaciones.

Las enfermedades autoinmunes, como dije anteriormente, engloban a más de 100 enfermedades diferentes, tales como el lupus, la artritis reumatoide, la diabetes de tipo 1, la esclerosis múltiple, la mielitis transversa, la enfermedad celíaca. Estos se producen cuando el sistema inmunológico ya no puede distinguir su propio tejido sano con una amenaza perjudicial.

En términos generales las enfermedades autoinmunes pueden ser descritas como un sistema inmune desarrollado inadecuadamente con interrupciones en la comunicación entre las células T1, que son las encargadas las respuestas inmunes y las células T-2 que son las responsables de atacar los invasores dañinos. En las enfermedades autoinmunes Las células T-2 circulan sin supervisión y sin saber que hacer, destruyendo las áreas del cuerpo dependiendo de la condición autoinmune que se padezca.

¿Por qué las mujeres tienen mayor probabilidad de desarrollar una enfermedad autoinmune que los hombres? Esta cuestión es difícil y no puede ser respondida por la medicina convencional. Dentro de la gran complejidad que acompaña este tipo de enfermedad, una teoría es que los agentes tóxicos se unan a los receptores de estrógeno, distorsionando la señalización inmune celular, mutando el ADN y alterando las funciones vitales.

Tanto las mujeres como los hombres vivimos y trabajamos expuestos a la contaminación del medio ambiente, pesticidas dioxinas, hidrocarburos y metales pesados. Cuanto mayor sea la exposición a este tóxico mayor es la probabilidad de sufrir una enfermedad autoinmune.

Los investigadores han encontrado que incluso pequeñas dosis de estos venenos pueden alternar la función de las células inmunes. Esto incluye la probabilidad de que se produzca una inflamación descontrolada muy característica de las enfermedades autoinmunes.

Tratamientos naturales para las enfermedades autoinmunes.

La mayoría de las enfermedades autoinmunes son muy difíciles de diagnosticas y en muchas ocasiones, se llegan a diagnosticar equivocadamente. No existen tratamientos curativos, y todo pasa por cronificar e intentar relentizar la progresión de la enfermedad con fármacos supresores de la inflamación, inmunosupresores y antivirales. Este es un enfoco sintomático que no aborda la raíz, la causa de la enfermedad y por tanto puede llegar a dar problemas secundarios con el paso del tiempo.

La alimentación es fundamental para el tratamiento de la enfermedad autoinmune. Las alergias e intolerancias alimentarias, pueden desempeñar un papel importante en la tasa de brotes. En el caso de la celiaquía un abandono del gluten produce la remisión completa de la enfermedad.

Dado que una persona afectada por una enfermedad autoinmune se encuentra con un sistema inmune desequilibrado, la regulación este es necesaria para su recuperación. El descanso reparador, el ejercicio y la alimentación saludable son claves para conseguirlo.

Al tratar la enfermedad con suplementos nutricionales estos se centran en suplementos que regulan y equilibran el sistema inmune en lugar de inmunosupresores que hace la medicina convencional. Los hongos medicinales juegan un papel importante, aunque con frecuencia el papel de esta comprendido y difundido equivocadamente.

Los hongos medicinales son reguladores inmunes. Estos ayudan a “educar” las células inmunitarias y las respuestas inmunes. Setas medicinales a largo plazo equilibran las respuestas inmunitarias a través de la regulación de las células T1 Y T2.

Los antioxidantes ayudan a eliminar los radicales libre y calmar la inflamación.

La quelación de los metales pesados

La quelación natural de metales pesados y toxinas del medio ambiente es fundamental. La eliminación de estos venenos del cuerpo es una de las consideraciones más importantes para la reversión de una enfermedad autoinmune. Evitar la exposición y procurar alimentarnos con alimentos orgánicos libres de productos químicos nocivos.